Estamos en medio de la mayor crisis económica, social, sanitaria y humana que el mundo ha enfrentado en los últimos tiempos, producto de la pandemia por el COVID19.
Y esta situación sin lugar a duda, ha generado una contracción de las actividades económicas, que se han estimado en 5,3% en el 2020, lo que la ha catalogado como la más grande crisis económica desde la década de 1930, teniendo repercusiones en los niveles de desempleo, acentuando así más la pobreza y la desigualdad; según datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
En esta difícil situación, las políticas fiscales que adopte cada país serán determinantes para tratar de paliar los efectos de la crisis. Y es así, cómo muchos países salieron al frente con paquetes de medidas fiscales, cada uno de acuerdo con su propia realidad y recursos.
Las medidas se orientaron a objetivos concretos, que pueden agruparse principalmente en los siguientes 1. Cuidar y proteger la salud, 2. Ayudar al bienestar de los hogares, especialmente a los más vulnerables, y 3. Proteger la capacidad productiva y reactivar la economía.
Sin embargo, esas medidas son solo el principio, se necesitará mucho más que eso para superar esta crisis. Y para ello, será imprescindible que los países cuenten con fuentes de financiamiento que les permita, con políticas económicas creativas lograr que se reactive la economía.
No obstante, eso no es tan fácil, estamos en medio de una encrucijada, ya que cada país tiene su propia historia de crecimiento de la deuda pública en los años anteriores, mientras que se enfrentan a la incapacidad de generar más ingresos fiscales por la contracción de la economía, y a la necesidad imperante de fortalecer el gasto público para mantener el bienestar de la población, ante la cruda realidad del encarecimiento y endurecimiento de las condiciones financieras para obtener nuevos financiamientos.
Ante esta situación complicada, la población espera que los gobiernos encuentren las fórmulas para continuar con los paquetes de ayuda para mitigar la crisis; y esa ayuda, no se circunscribe nada más a los hogares más vulnerables, también la necesitan los pequeños y mediados empresarios, lo requieren los de la economía informal, y muchos otros más sectores que están pidiendo que se les tome en cuenta.
Veamos del caso de Panamá, dos aspectos determinantes en este análisis: su deuda pública y los paquetes de ayuda cómo se orientaron, con relación a los otros países de la región.

  1. Deuda pública
El panorama de los déficits fiscales de la región es la acumulación de incrementos sostenibles durante la última década, a excepción de una leve contracción entre el 2010 y 2011.
La deuda para la región creció vertiginosamente, pasando del 29,8% en el 2011 al 45,2% del PIB en el 2019. La región ha alcanzado una tendencia promedio, influida por los resultados de países que han incrementado sus cifras de endeudamiento en hasta 50,5%, como es el caso de Argentina.
En el caso de Panamá, nuestro endeudamiento creció en un 10% en la última década.

Paquetes de Ayuda




Es importante mencionar y resaltar en el contexto el esfuerzo fiscal que los gobiernos han anunciado e implementado para hacer frente a la pandemia y a la crisis económica, provocada por esta.
Las medidas implementadas van desde el 0,2% al 11,1% del PIB, situando a Panamá en un 3,7%.

Estos son los principales instrumentos de gasto público y de apoyo a la liquidez que han respaldado los gobiernos de América Latina para responder a la situación que vivimos por la pandemia y la crisis económica. Hemos resaltado la participación de Panamá en esos instrumentos.
Pese a todos los esfuerzos realizados, la población sigue esperando y demandando más acciones por parte del gobierno panameño, esto crea la necesidad de una mayor coordinación para que las medidas lleguen a los más necesitados, mejorando las respuestas anteriores, mientras se abre el compás para incentivar la pequeña y mediana empresa que tanto lo necesita…
Al final, el gobierno será evaluado por la capacidad de inventar y reinventar, para sacar al país de esta grave situación.

Texto por: Engracia de Dios Archibold/Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales

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